De entre los cientos de monumentos que hay en Estambul, hay varios que no se puede perder ningún viajero. Los imprescindibles son:
Santa Sofía
Santa Sofía es la imagen más conocida de Estambul, una imagen que ha vivido la historia de la ciudad desde hace casi 1.500 años.Es el monumento más esplendoroso del arte bizantino.
Inicialmente fue catedral cristiana, luego mezquita durante cinco siglos y desde 1935 se ha convertido en museo.
Santa Sofia tiene una gran importancia en la historia de la arquitectura por ser la primera construcción de base cuadrada de este tamaño que está cubierta por una cúpula central y dos semicúpulas. Es la cuarta iglesia del mundo con un área cubierta más grande, después de San Pablo (Londres), San Pedro (Roma) y el Duomo (Milán). En su interior son admirables sus mosaicos hechos a base de vidrios de colores o transparentes sobre hojas de oro, con las que se representaban antiguamente escenas bíblicas.
Aunque hoy en día es un museo continua siendo un poderoso centro para la espiritualidad al que muchos acuden en privado para la adoración y la contemplación.
Mezquita Azul
La Mezquita Azul es la mas famosa y visitada por los turistas que viajan a Estambul. Debe su nombre al color azul vivo y verde de los mosaicos que decoran las cúpulas y la parte superior de la Mezquita.
Fue construida durante el reinado del decimocuarto sultán otomano, Ahmet I, entre los años 1603 y 1617. Cuenta con el privilegio de ser la única de toda Turquía que posee 6 minaretes, lo que le confiere un valor añadido frente al resto de Mezquitas.
Está situada frente a la Iglesia de Santa Sofía, en el centro de la ciudad y muy cerca del Palacio Topkapi, de hecho esta proximidad con el palacio fue uno de los motivos principales por los que se eligió este lugar para su construcción. Además desde este punto de la ciudad se podía dominar los dos mares que rodean la ciudad. En su construcción se usaron 21.043 azulejos hechos en los talleres del Palacio.
Además, posee 260 ventanales alineados en cinco niveles, que permiten una filtración de luz espectacular que deja impresionado a cada uno de los turistas que la visitan. Por ello es recomendable dejar esta visita para un día soleado. La entrada a la Mezquita Azul es gratuita, aunque se puede dar una pequeña donación a la salida para sufragar su mantenimiento.
Como manda la tradición islámica, hay que entrar descalzos y cubiertos con un pañuelo. No se puede entrar con pantalones cortos ni con los hombros al descubierto. Allí mismo ofrecen 'kits' para las personas que no reunen la vestimenta adecuada.
Palacio Topkapi
El Palacio de Topkapi fue residencia principal de los sultanes del imperio otomano y sede de su gobierno desde 1465 hasta 1853.
La construcción del Palacio se inició en 1459 por orden del sultan Mehmet II el Conquistador, que había tomado Constantinopla (hoy Estambul) seis años antes. Está formado por varios edificios situados en torno a 4 patios a los que se accede a traves de grandes portales.
Tras el establecimiento de la República turca en 1923, el Palacio de Topkapi fue renovado y transformado en museo. Como todos los grandes palacios, tiene cámaras del tesoro para exhibir el botín acumulado por el Imperio. En su interior podrás admirar el museo de Antigüedades, donde se encuentra el famoso sarcófago de Alejandro, el museo del Antiguo Oriente, el museo de la cerámica turca, el museo de Santa Irene y el museo de Arte turco e islámico, que contiene en la actualidad una magnífica colección de cerámicas, miniaturas, objetos de metal y algunas de las alfombras más antiguas del mundo.
El Palacio de Topkapi es considerado como uno de los más grandes obras musulmanas de su género y hoy en día se ha convertido en uno de los monumentos más admirados de Estambul.
Cisterna Basílica
Sin ser una de las visitas típicas de las guías turísticas, la Cisterna Basílica (o Palacio Sumergido) es uno de los lugares que más nos gustan de Estambul. Una experiencia imprescindible.
Torre Gálata
Ocupada por el Sultán Mehmet II durante la conquista de Constantinopla, la Torre Gálata es una de las torres más antiguas del mundo. En sus inicios hizo las labores de faro.
Palacio Dolmabahçe
El Palacio Dolmabahce se construyó en 1843 por orden del sultán número 31 del imperio otomano, Abdulmecit I, quién vivió en él durante 15 años.
El Palacio se utilizaba generalmente como residencia para los invitados del estado. Tras la República, en 1923, el palacio se asignó al servicio de Ataturk, convirtiéndose en su residencia de verano. Tras su muerte fue restaurado y se inauguró nuevamente como museo. Está situado en la parte europea de Estambul, a orillas del Bósforo.
Tiene 248 dormitorios, 43 halls, 6 baños turcos y aproximadamente unas 2700 ventanas. Se divide en dos secciones, la parte oficial, donde el sultán recibía a huéspedes ilustres de todo el mundo y el Harem, donde vivieron las esposas, la madre y sus concubinas.
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